Respecto a una huelga de hambre en Alemania...
Del 1 al 8 de agosto del 2008, tendrá lugar a iniciativa de la organización Iv.I, “Representación de los Intereses de los Presos” una movilización en de las cárceles alemanas en forma de huelga de hambre colectiva. Se ha anunciado que al menos 470 presos participarán en esta protesta. Son muchas las reivindicaciones, pero se trata ante todo de las condiciones de detención y de aislamiento infligidas a Nadine Tribian. El Iv.I demanda de forma más general la abolición de los costes de encarcelación, de la obligación de trabajar, de la cadena perpetua y del aislamiento.
Aunque veamos en esta iniciativa, como cada vez que se rompe la rutina carcelaria y la pesada capa del orden penitenciario, razones suficientes para movernos, su anuncio y su organización nos han provocado muchas dudas e interrogantes. La primera es que el Iv.I se presenta abiertamente como representante legal e institucional de los presos. Como organización se apoya en el principio de delegación con “representantes”, etc. y no sabemos hasta que punto está estructurada jerárquicamente. Al igual que en el exterior de los muros, “sindicato” y “representación” no significan claramente auto-organización y menos aún auto-organización de la lucha. La historia y la experiencia han demostrado desde hace mucho que aquellos que se erigen como interlocutores del Estado – más aún cuando estos son reconocidos como tales – desempeñan el papel de mediadores y de pacificadores. Incluso este es el papel que les permite mantenerse como estructura. Es lógico entonces que tales organizaciones se distancien a priori de las formas de organización y de los métodos de lucha donde podrían perder el control y que no se sometan a los dictados del Estado. Exactamente eso es lo que está haciendo Peter Scherzl, uno de los representantes de Iv.I, cuando cree necesario precisar en su anuncio público de protesta: «Sin duda alguna el Iv.I no incita al motín, etc., sino a una protesta ante todo legal dentro del marco de las posibilidades jurídicas. Sólo este enfoque permitirá que no se nos acuse de inventar cuando denunciamos las anomalías, para así ocultarlas mejor y hacer que se arrastren».
Por supuesto no esperamos que ninguna organización llame al motín: los motines no se decretan, tienen lugar y la participación depende de cada uno. Por otro lado vemos claramente las razones por las que el Iv.I frena en este terreno y no quiere invitar a los presos a que se amotinen. Pero que juzgue necesario rechazarlo de manera explícita y que condene con anterioridad como no válidas las formas de acción que algunos presos puedan adoptar y desarrollar en el curso de la lucha, va demasiado lejos. Concretamente ahí se plantea la cuestión de la complementariedad y sobre todo de la compatibilidad de elecciones y métodos. Sólo podemos incitar a los presos, sean o no miembros de Iv.I, a deshacerse de la noción de líder y a desarrollar iniciativas autónomas, en donde no sean obligados a confinar sus ideas y sus deseos dentro del “marco único de posibilidades jurídicas”.
Al igual que es imposible combatir la dominación con formas de organización que no son más que copias de las instituciones, no tiene ningún sentido retomar y conformarse con las categorías que el Estado mismo crea en su propio interés. Sabemos que juega y se sirve de la legalidad como mejor le conviene. Sabemos también que la noción de “Derecho” es muy relativa, que puede conceder algunos bajo presión y otorgar otros para reforzar su empresa o incluso racionalizar la gestión de la opresión y la explotación.
Sabemos que la zanahoria y el palo van de la mano: cuando algunos presos obtienen ciertas “ventajas”, otros continúan siendo torturados; cuando las humillaciones, los malos tratos, las medidas vejatorias, cambian según el contexto y las necesidades, no son más que una “desviación” del sistema, son parte integrante, al menos en forma de espada de Damocles encima de la cabeza de los más obstinados; cuando fijan las normas juzgadas “aceptables” (como es el caso del aislamiento que se amplia poco a poco a todos los regímenes de detención); cuando pretenden una “humanización” de las cárceles que aspira a hacer aceptar socialmente y a los presos mismos su encarcelación, incluso hacerles participar en su buen funcionamiento y a su gestión, para apenas ocultar que la lógica del encierro se extiende cada vez más; cuando las veleidades de la “reinserción” en la sociedad capitalista están destinadas a reforzar el sistema mismo que de hecho empuja a la ilegalidad (sólo para encontrar los medios de supervivencia) y envía a prisión.
Tener estas constataciones en la cabeza no nos conduce a renunciar a la mejora parcial de las condiciones de encarcelamiento o a renunciar en bloque a toda lucha parcial que se lleve a cabo sobre reivindicaciones particulares. Pero es indispensable ligarlas a un análisis más general, en este caso plantear el papel y la función social de la prisión dentro de un sistema que tiene la necesidad, no sólo de explotar mejor a los más pobres y de eliminar a los más “peligrosos”, sino de amenazar permanentemente a aquellos que atenten contra él.
A partir de ahí de lo que se trata es de afirmar que la privación de libertad es en sí misma una tortura que sólo desaparece junto con el encierro y que las cárceles sólo caerán junto con el mundo que las produce. Situarse en esta perspectiva permite plantear una relación de fuerza más amplia, que no es para nada incompatible con la obtención de reformas – más bien al contrario –, sin hacer de estas lo esencial de sus perspectivas.
Las perspectivas por otro lado nos parecen igualmente incluidas en las formas que toma la lucha y en los medios que elige. Auto-organizarse rechazando las mediaciones, desarrollar una dinámica autónoma, definir sus propios criterios en función de su contexto y sus objetivos fuera de las categorías promovidas por el Estado, practicar la acción y la solidaridad directa constituyen sin ninguna duda las bases para cuestionar la autoridad. No se trata, evidentemente, de intentar que cualquiera participe en un motín, luche por la destrucción de todas las cárceles y de toda autoridad. Sin embargo, aparte de los ataques y las dificultades (principalmente de recuperación y de integración) que representan para el sistema, sus experiencias de revuelta ofrecen posibilidades reales de ruptura y de superación y abren espacios inexistentes cuando la lucha es limitada voluntariamente a las formas marcadas y predefinidas por los co-gestores del Estado, que anulan con anterioridad toda potencialidad.
La movilización dentro de las cárceles alemanas puede ser una ocasión, entre otras, de avanzar nuestras propias perspectivas de lucha por la destrucción de la cárcel y su mundo. Es sobre la base de rechazo a toda forma de mediación del descontento y de la revuelta que queremos manifestar nuestra solidaridad con los presos y presas en lucha y no a sus órganos de representación más o menos oficiales e institucionales, insistiendo en el hecho de que la huelga de hambre no es el horizonte indispensable de las protestas en prisión y que existen otras posibilidades de resistencia y de lucha.
Subrayamos a este propósito que, tanto dentro como fuera, la revuelta no se expresa sólo de forma colectiva y en las “grandes” ocasiones. Se alimenta de cada rechazo a colaborar , de cada gesto contra la dominación, del desarrollo de actitudes combativas y rebeldes. Por lo tanto, si la lucha contra la cárcel incluye la necesaria solidaridad cuando hay un movimiento o fuego, no se puede limitar a esos momentos. Si queremos inspirar y apoyar con nuestra rabia a aquellos y aquellas que, detrás de los muros, se rebelan cotidianamente contra la condición que se les ha impuesto, se trata también, dentro de una agitación permanente, de plantear esta cuestión ineludible del encarcelamiento sobre los diferentes campos de lucha, con el fin de atacarlos mejor teórica y prácticamente bajo sus múltiples aspectos. Esta conflictualidad, tanto en el interior como en el exterior, quizás llegará a abrir espacios de lucha y a desarrollar dinámicas que no se ajusten ni a las promesas miserables, ni a los latigazos del Estado.
Anarquistas solidarios
Julio 2008
1. Como por ejemplo nuestro compañero José Fernández Delgado (Rheinbach), que rechaza (al igual que Gabriel Pombo da Silva en Aachen) trabajar en la cárcel, al igual que continúa enfrentándose a las condiciones que él juzga humillantes (llevar uniforme, visita tras cristales,…). Si nos reconocemos en este rechazo, entonces depende de nosotro/as actuar en consecuencia y apoyar activamente a nuestros compañeros en su resistencia.
Traducido de La Cavale n° 13 Julio, 2008




















Enviar un comentario nuevo