CARTA DE MARCOS MARTÍN PONCE (Preso de GRAPO)
Publicado el Lun, 02/03/2009 - 14:16
Otro día no me podía levantar de la cama, andaba con una lumbalgia demoledora a causa de las 4 operaciones de hernia discal que llevo en la espalda, me obligan a salir al patio, dada mi situación me niego, me viene toda la plantilla de intervención y me sacan a la fuerza, me sancionan con el Art. 72 (incomunicación completa. Si bien te meten en la celda de al lado, pues ya hacemos vida de 1° grado en celdas que solo debían de usarse para aislamiento; chapa en la ventana, muro a 3 metros de la ventana, etc.) y me ponen, otra vez, toda clase de partes.
Es curioso, he conocido presos comunes que han apuñalado a otro preso y han pasado por mi galería exclusivamente los 14 días con los que es sancionado por ese hecho. Antes de venir a Valdemoro para la "renovación del contrato" (prisión provisional) un carcelero, de los militantes fascistas, se empeña en que pase una y otra vez por el arco detector de metales, a pesar de que no pita ni la 1a ni la 2a vez, con mucha chulería
y provocación me insta a pasar de nuevo, así lo hago: el arco sigue sin pitar, me dicen que pase una 4a vez y me niego a hacerlo, puesto que
considero que lo que busca es vejarme; me introducen en la galería, me ponen contra la pared dándome patadas en las piernas, me insultan, me meten 3 partes: 14 días de aislamiento + 14 días de aislamiento + 30 días de privación de paseos; seguidamente me llevan al cuarto de cacheos, me obligan a un cacheo integral (con bata, por supuesto), viene toda la plantilla con alboroto general, alguna que otra nariz roja y fuerte olor a alcohol; y se repiten las amenazas, insultos y otros intentos de vejación, como tirarme la ropa al suelo.
Yo tengo clarísimo que si no me han puesto la mano encima es porque yo aun no he perdido la serenidad; me mantengo firme pero no entro en provocaciones, pero sobre todo porque en el modulo hay 14 p.p. vascos (conmigo 15 p.p.), y si se les va la mano probablemente podríamos colapsar el módulo, pues el máximo son 30 personas. Esta ultima vez obtuve su solidaridad (a cualquiera puede pasarnos) y rechazaron la bandeja el tiempo que estuve con el Art. 72.
La cuestión es que estas prácticas de abuso de poder no son algo excepcional. Si bien es cierto que ya no se producen con tanta frecuencia, también lo es que se sigue produciendo, con la misma intensidad. La tensión está siempre levitando en el ambiente: cacheos exhaustivos de las pertenencias al salir al patio + pasar por el arco + cacheo por palpación + malas contestaciones y modales + provocaciones (en un pasillo estrecho se ponen uno a cada lado y tienes que pasar por el medio, ocupan todo el espacio y ninguno se retira; llevan objetos en la mano; esposas, raqueta antimetales, y las manos enguantadas), etc.
En resumen, la permanencia en la galería se caracteriza por existir un ambiente muy tenso. Yo pienso que cualquier día me van a agredir, algunos tienen ganas de desquitarse conmigo. Mi actitud de firmeza les resulta una chulería ya que están acostumbrados a humillar y dar palizas, con mucha frecuencia, a los presos comunes. El 90% de las veces que eso ocurre los funcionarios están borrachos; antes y después de montarse en esa bacanal de violencia gratuita se les escucha animarse mutuamente con los comentarios más soeces y burdos respecto a su hombría y enorgullecerse de la hazaña de partirle los dientes a un pobre chaval esposado, dándole en la boca con una porra o con los grilletes.
El médico que atiende los casos de estos presos agredidos está en connivencia con los carceleros; llegan riéndose a la galería comentando la jugada con los verdugos; podría afirmarse que se comporta como un veterinario que trata a patadas a una res moribunda. A los chavales más rebeldes les suministra, a la fuerza, una inyección que les deja babeando durante 2 días, o bien les atan a la cama, o bien las dos cosas. En la galería escuchamos los lamentos de estos "olvidados" mezclarse con la prepotencia "viril" de los carceleros. Cada vez están... no sé como definirlo..., tan frustrante oír todo esto que aun siendo consciente de que puedo ser el siguiente, golpeo la puerta en señal de protesta hacia los carceleros, a la vez que muestro mi solidaridad al chaval. Es lo único que tiene que agarrarse en ese momento, el único hilo que, seguramente (o eso espero) le une a la esperanza en medio de una situación tan surrealista, tan kafkiana, tan repugnante. Si bien, he de reconocerlo, mis gritos de solidaridad ("dejad al chaval", "esta es la democracia de la tortura"), son gritos prudentes y autocensurados (con todo mi pecho les gritaría “fascistas, asesinos") por el instinto de supervivencia.
Yo digo que, últimamente, la cosa esta más tranquila (si bien, esto último que relato pasó una semana antes de venir a Valdemoro), pero me da la sensación de que, cuando el cuerpo y la mente buscan de manera lógica y natural, una salida a la situación de tensión, en esos momentos de tranquilidad (1 mes de una a otra) vienen a encargarse de romper esos resquicios de equilibrio que solemos buscar en el estudio (el último cacheo se lo pasaron rompiéndome los apuntes de la UNED. ¿Cómo era aquello de "muerte al intelectual"?), el deporte, viendo la TV (me cortan la antena), etc.
Reitero que la cosa está ahora más tranquila, de seguir esa la tendencia ya veríamos como toreamos el temporal pero, si continúan las situaciones reiteradas de tensión máxima, como las que he hecho mención, no descarto emprender una serie de protestas progresivas, amarrándome a la botella de agua. Porque yo, camaradas, antes de que se líen conmigo a hostias, me aten a una cama y me pongan una inyección, prefiero ir hasta el final de una manera digna, y no subsistir como un perro apaleado y humillado. Claro que ese es el último extremo y recurso, y antes hay otras iniciativas y etapas que quemar, pero lo que no puede ni debe ser es que nos quedemos de brazos cruzados mientras nos machacan."
Marcos Martín Ponce
Preso Político de los GRAPO
Prisión de Huelva





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